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La valentía de Giuliana: Mujeres que denuncian violencia sexual o psicológica Imprimir E-mail
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Lunes, 21 de Febrero de 2011 09:34

Por: Carlos Jibaja Zárate - Director de Salud Mental del CAPS

Hace unos días  la Corte Superior de Lima sentenció a 17 años a Robinson Ramírez Quintanilla,  por delito de violación sexual contra su hija Giuliana. A quienes hemos seguido de cerca este caso crónico de abuso y violación sexual nos da la esperanza de que delitos de esta naturaleza puedan finalmente ser castigados con todo el rigor de las leyes vigentes.

 


El caso de Giuliana sienta un precedente fundamental en el sistema legal peruano. El abuso sexual y psicológico del padre empezó cuando ella tenía 7 años  y se extendió por toda su infancia y adolescencia hasta que a los 23 años se fue de la casa luego de decirle a la madre lo que estaba ocurriendo. Giuliana presentó la denuncia por violación sexual a los 25 años cuando - en términos físicos y manteniendo una vida sexual activa con su pareja- no existían  evidencias concretas de abuso físico, hematomas, por ejemplo, que hubieran hecho visible un caso de violencia sexual en estado agudo o inmediato. ¿Cómo demostrar que el padre violaba a su hija? A esto hay que agregarle el hecho de que la madre luego del choque inicial de la noticia, no le creyó a Giuliana y continuó al lado del marido (padre y violador de su hija), rompiendo toda comunicación con la hija. Puestas así las cosas aparentemente era imposible encontrar evidencias objetivas para hacer justicia: era la palabra de Giuliana contra la del padre.

Lo que ha sido clave en este caso es la documentación de las evidencias de las secuelas psicológicas en Giuliana. Varios profesionales clínico forenses (psicólogos y psiquiatras) además del testimonio de la psicoterapeuta de Giuliana dieron solidez a la denuncia. Las marcas psicológicas en la mente de una persona quizás no sean tan visibles como lo es una cicatriz o el hematoma dejado por un golpe, pero ante el criterio agudo de un experto clínico forense, las evidencias de un daño psicológico de consecuencias permanentes por la violencia ejercida se manifiestan claramente. Es como poner un lente de mayor potencia y aquello que era invisible ante los ojos, aparece con nitidez inusitada. Porque en Giuliana no era posible encontrar evidencias físicas de violación, menos aun que el violador haya sido el padre, ha sido de manera relevante la documentación sistemática de las evidencias de secuelas de la violencia psicológica y sexual lo que ha determinado que se hallen evidencias   congruentes con la denuncia para declarar culpable al padre.

La violencia es entendida como el “uso deliberado  de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga  muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daño psicológico, trastorno de desarrollo o privaciones” (OMS, 2002). Para que la situación de violencia ocurra debe existir una situación de dominio sobre el otro, de desigualdad de poder de uno sobre el otro con el objeto de humillar o desaparecer total o parcialmente lo que hace a la persona ser quien es.

No es solo que haya una discusión acalorada con la pareja o que esta haya tenido palabras o acciones que hayan herido, indignado o faltado el respeto. La violencia tiene que ocurrir en una relación de desigualdad entre los involucrados. Son ejemplos en los que se configuran  situaciones de dominio y violencia que atentan contra la libertad de las personas: el padre o madre de familia tienen sobre los hijos menores una relación de dominio; el marido que va incapacitando física o psicológicamente a su mujer hasta hacerla tan dependiente que ésta considera que el marido tiene poder incluso sobre su existencia; el funcionario público (policía, serenazgo, director de colegio, militar, maestro, congresista, etc.), que haciendo uso de su cargo, ejerce violencia contra el otro; el violador que usa la fuerza física o amenaza la integridad de la víctima o la de sus familiares, entre otras situaciones.

Actualmente hay miles de mujeres que sufren violencia física, psicológica y/o sexual en sus hogares siendo el marido el victimario, en la mayoría de los casos.  Hasta hace poco si no existían pruebas físicas de los hechos de violencia, los casos eran desechados cerrando el círculo de la desesperanza para tantas mujeres sexual o psicológicamente abusadas. La sentencia de 17 años contra el padre abusador de Giuliana abre las esperanzas de tantas mujeres que han tenido que callar porque nadie les creía. 

La posibilidad de contribuir de manera decisiva ante el sistema judicial documentando las evidencias del daño psíquico pone una gran responsabilidad en el experto forense que tiene que redoblar sus esfuerzos para documentar de manera ética y eficiente las evidencias del daño psicológico en las víctimas de situaciones de violencia. Jueces y fiscales y, por supuesto, las víctimas están a la espera  - en el marco del nuevo código procesal penal - de expertos clínicos que utilizando instrumentos forenses adecuados puedan contribuir al esclarecimiento de estos casos.

Actualmente, el Instituto de Medicina Legal del Ministerio Público (IML), a través de un comité de expertos del propio instituto e instituciones como Manuela Ramos y el Centro de Atención Psicosocial, viene desarrollando un instrumento que documenta y realiza una valoración de las evidencias del daño psíquico en víctimas de violencia familiar, sexual y tortura. Este instrumento se encuentra en sus últimas etapas de validación a nivel nacional. Su inclusión entre las herramientas forenses de los peritos del IML será un paso decisivo para la mejora del acceso a la justicia de las víctimas.


 

 

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